19.2.12

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No me encuentro ni en todo el tiempo que me da por escrutar
los reflejos de este espejo descontento,
pues mi aspecto a nadie le suele agradar.

Me contento con los besos que nunca he logrado dar,
con el ansia que enferma mi pensamiento
cuando quiero y ellas no quieren ni hablar.

Me convierto en ese tipo al que sólo es posible odiar,
una tétrica versión de lo imperfecto,
la aventura condenada a fracasar.

Me despierto,
otro esputo y
la costumbre de sudar
abrazado con la droga y
con el humo
que jamás está de más
(si busco algo "mejor" me da la sensación de que encuentro todo o no me dejan nada y después con decepción miro a mi alrededor y hasta del viento me caen bofetadas).

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